La Ciudad Deportiva

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Besos que matan

por | April 4, 2014 10:21 AM
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Con la frase “puede besar a la novia” comienza un feliz matrimonio. Con un beso se saluda pero también se despide; puede ser, algunas veces sin distinción, un inicio o un final. El acto de colocar los labios sobre otra persona es uno de los máximos símbolos de amor entre los seres humanos. Besar el escudo de un equipo de fútbol también es una alegoría superlativa del cariño de un jugador por la entidad para la que juega.

No hay mayor compromiso entre un futbolista y su equipo que besar el escudo. Es el equivalente al bautismo cristiano; es sumergirse en el mar de los miles de seguidores y entregarse a la santísima trinidad: los directivos, el entrenador y los fanáticos como el padre, el hijo y el espíritu santo.

A un directivo se le conquista  con buenas actuaciones. El aficionado es más exigente. Para él, un jugador no sólo debe jugar bien, además tiene que mostrar devoción por los colores. Por consecuencia, no hay mayor lazo con los fans que demostrar amor eterno con un beso al escudo, como si en verdad no pudiera vivir sin él.

Pero un beso según la tradición católica también es sinónimo de traición. Y en el fútbol son muchas las historias de aquellos que crearon un idilio con los aficionados, pequeño gesto a la camiseta incluido, para inmediatamente después ser infieles con el dinero de otro club.

Ver a Messi besar el escudo del FC Barcelona en el Bernabéu, o ver a Puyol besar su gafete en el mismo escenario son escenas tan románticas como las ocurridas en un libro de Jane Austen. En un mundo ideal, los jugadores podrían decidir sólo con el corazón, pero hay técnicos sin feeling o directivos con planes diferentes. Porque al final del día, el fútbol es un negocio, una profesión, aunque los aficionados queramos creer que ser parte de un equipo es un compromiso de por vida.

Cada verano nos ilusionamos con un nuevo fichaje sin analizar su procedencia y los corazones rotos que ha dejado. Y nos dejamos llevar por el beso al escudo como lo hizo Ibrahimovic en el Barcelona, o como les impone el Real Madrid a sus fichajes. Lo peor: nos hemos acostumbrado a escuchar o leer que el sueño de infancia de todos los jugadores era pertenecer al equipo que en ese momento lo presenta.  Robbie Keane ha sido declarado culpable por señalar que su sueño se cumplió al jugar para: Wolverhampton Wanders, Liverpool, Tottenham, Celtic y… ¡en la MLS!

No ha habido mayor declaratoria de afección y de cinismo que el sueño hecho realidad de Keane. En los tiempos de los grandes traspasos, besar el escudo es un símbolo decadente destinado a desaparecer por su absoluta carencia de lealtad. O tal vez sea tiempo de que veamos a los jugadores como los trabajadores que son, y no como los amantes que queremos creer que son.

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  • Que pedazo de columna, un texto con el cual me identifiqué de principio a fin.

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