La Ciudad Deportiva

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Hola Mundo

por | March 19, 2014 8:20 AM
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De vez en cuando el señor Bielsa nos da bofetadas de manera directa o indirecta. Sobre todo a nosotros, los chilenos, que ya ni se las reclamamos. Como a los bilbaínos y la mitad de los rosarinos, el fútbol nos ha puesto primero bajo su encanto, luego ante su merced y finalmente a la orden de su aprendizaje. Nadie le cuestiona frase o acción alguna. Estamos enamorados de su forma de ver el juego a través de la vida. Y viceversa. Eso es lo que al final del día nos entusiasma. No es un despliegue táctico, no es un traspaso multimillonario, ni mucho menos una declaración polémica. Es, simplemente, una conexión entre ese país de las maravillas y nuestra rutina, entre la vida ‘ideal’ y la ‘real’, entre el escudo y la camiseta que uno porta.

La última gran bofetada que me dio Bielsa fue, quizás, la mejor de todas. Fue hace casi dos años, justo cuando el fútbol empezaba a decepcionarme. Como ustedes, yo le dedicaba una parte de mi día a consumir contenido en los distintos periódicos futboleros y terminaba siendo un bot del porcentaje de rebote. Abría noticia y la cerraba inmediatamente tras leer el titular: “Fulano dice de Sutano tal cosa”, “Club X podría estar interesado en Mengano”, “Conoce la nueva casa de Perengano”, y así. El fútbol, concepto inculcado como religión en cualquier niño latinoamericano, se transformaba en algo sin sentido, absurdo, aburrido, incoherente, estúpido, vago, gris e inútil. Yo básicamente me frustraba porque, a pesar de saberme comiendo en un basurero, seguía hurgando con la esperanza de encontrar un buen pedazo de pan. No identificaba bien qué, pero sabía que había algo dentro del fútbol que nos tenía que maravillar. Y ahí llegó Bielsa a darme un empujoncito con una de sus mejores frases: ““El fútbol puede prescindir de todo. Va a seguir viviendo sin entrenadores, sin dirigentes, sin futbolistas, sin espectadores. Pero no puede seguir viviendo sin escudo. Porque el escudo es el que emociona. Todo lo que el fútbol genera, lo genera porque hay un afán de captar la emoción del que llora porque el equipo gana o pierde”.

Dejar que los medios digan que es el fútbol para nosotros es quizás el peor error que hemos cometido como aficionados. Mi frustración era precisamente por eso, estaba dejando que un grupo de personas, que veían el fútbol de acuerdo a las experiencias que ellos habían vivido, o de acuerdo a las órdenes de sus patrones, moldearan la imagen personal de algo tan subjetivo. La frase de Bielsa me había hecho ver que la verdadera dicha está en la pelota física, en la fidelidad al escudo y en cómo estos últimos dos conceptos generaban un impacto social en las personas. Eso, desafortunadamente, no estaba en los periódicos y, desafortunadamente también, cuesta encontrarlo actualmente. El periodista se ha vuelto un hombre de negocios y mercadólogo, y ha olvidado su misión de nutrir el alma y la mente del lector. Un click y un like valen más, hoy en día, que un buen comentario.

Los factores transitorios sólo captan la atención. Las personalidades futbolísticas (llámese jugador, entrenador o directivo) van y vienen. Con una buena jugada, un buen planteamiento táctico o un buen fichaje, pueden fácilmente robarse la atención de millones. Durante su estancia, generarán sentimientos extremos pero fugaces y, en el momento que abandonen la causa, por una mejor o peor, las sensaciones pasarán a ser sólo recuerdos. El escudo no actúa de esta manera. Lejos de ser transitorio, el escudo juega un papel constante en nuestras vidas. Bajo éste, habrá decenas de jugadores, entrenadores y directivos que nos deleitarán o decepcionarán, pero lo que verdaderamente perdurará, es la emoción creada en estas acciones por estar siendo ejecutadas defendiendo una causa, un escudo, un ideal.

Su contraparte, es decir, la respuesta al escudo, sería el aficionado.

El fútbol se vuelve una cultura en cada país. Todo el mundo lo habla, de manera positiva o negativa. No hay casi restricciones para jugarlo, se puede jugar donde y con quien sea. Antes, durante y después de vivirlo en cualquiera de sus facetas, puedes reírte, excitarte, conformarte, enojarte, entristecerte o frustrarte. Sin dominarlo a la perfección, se vuelve un pasatiempo o tema de conversación automáticamente. Te pueden presentar a Juan, John, Joao, Jan o Iván, y aunque sean desconocidos para ti, el verlos patear un balón o portar los mismos colores que tú crea un lazo de confianza inexplicable.

Fue difícil, por no decir imposible, visualizar a las vacas sagradas del periodismo deportivo internándose en este tópico. El eslabón social del fútbol no iba a ser algo a lo que un periodista de cuadro le dedicase su tiempo. La única forma de descubrirlo era por mi cuenta, con mis ojos y con mi pluma, la pluma nómada. Agarré la mochila, armé un plan de viaje, comprimí mi vida en 18 kilos y salí a recorrer el mundo buscando la cascarita en la playa, al señor gordo insultando en la tribuna, el bar del equipo, el grito de gol en el estadio y en la cancha de la esquina, el culto a la camiseta, el recuerdo de las leyendas, la esperanza en las promesas, el bocadillo, choripán, taco, bratwurst o köfte en la explanada, al taxista que sabe, al hincha fiel y, sobre todo, las infinitas historias que hay detrás de cada persona involucrada con todo lo anterior. La pelota, como el Mundo, es redonda y oculta muchas cosas que nuestros ojos no ven.

* Sígueme en @nicoliszt

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  • jose

    Saludos Nicolas, que bueno y grato es volver a leer tus textos, como los que escribías en futbolsapiens, ahora te seguiremos mediante la ciudad deportiva, felicidades a la pagina, hicieron una gran contratación, saludos desde qro

  • a huevo esta pagina se esta poniendo chingona, ojala se traigan a Vade y JM, excelente fichaje Ciudad Deportiva

  • Me uno a las felicitaciones y te mando mucha buena vibra Nico. De por si esta página consta de excelentes columnistas, con tus aportaciones crecerá todavía más. Desde ya, gracias!

  • SIento que en el texto le tira una piedrita a FS o especialmente a Barak jaja, buena columna

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