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Messi más allá del fútbol: retrato del artista como un joven abúlico y genial

por | March 20, 2012 10:31 PM
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Digámoslo de entrada: hacer un perfil de Leo Messi es tan difícil como marcarlo en la cancha.

Apenas habla, vive para jugar al fútbol, y cuando no juega se aburre. Escribir un texto periodístico relevante y con valor literario sobre un chico así parece, de entrada, imposible. Pero el periodista argentino Leonardo Faccio lo logró.

Todo empezó cuando Faccio, poco después de que la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano lo premiara por una crónica de su experiencia como ‘cobaya humana’ alquilando su cuerpo para probar nuevos medicamentos, recibió un encargo sorprendente.

El encargo venía de su editor en la inclasificable revista peruana Etiqueta negra. En ese entonces Leonardo publicaba en esa revista, en Gatopardo y en dominicales de La Vanguardia y El Períodico sobre asuntos de interés social, de los que no salen en las noticias: había escrito sobre bandas latinas, sobre presos, sobre refugiados en el desierto. Destacaba como investigador meticuloso, como prosista pulido y fotógrafo que sabe congelar en un instante lo esencial de una situación.

Ahora debía escribir sobre el futbolista más famoso del momento, un chico tímido y casi mudo.

En ese momento Messi tenía 21 años, había llegado a Barcelona desde su Rosario natal porque el club blaugrana le había garantizado su costoso tratamiento contra el déficit de crecimiento, y en muy poco tiempo se había convertido en el mejor jugador del mundo.

Sin esos medicamentos para el crecimiento, Messi no levantaría hoy más que metro y medio del suelo. Su familia, de clase media baja, no podía costearle las medicinas; fue su genio futbolístico, su tenacidad y su ambición lo que lo llevó hasta donde está hoy. Se pasó la adolescencia entrenando como si en eso le fuera la vida, estudiando lo mínimo, extrañando Rosario y pinchándose hormonas cada día. Con todo en contra, se convirtió en un par de años en el argentino más famoso del mundo.

Pero Messi era también un chico común hasta la exasperación. Había dejado a los mejores entrevistadores muertos de frustración y tedio. Sacarle tres obviedades en una rueda de prensa era un suplicio. Se encendía en el campo de juego como ningún jugador desde Maradona, pero cuando terminaba el partido se volvía lento, abúlico. Ni siquiera se le suponía introvertido.

La tarea de Faccio empezó mal: en el club tardaron ocho meses en darle una entrevista con Messi, y cuando se la dieron, el tiempo asignado fue de quince minutos. Ni uno más. Pero con esos minutos y con entrevistas a su carnicero, a su hermana menor, a su maestra de escuela, a su padre y a su antiguo representante, a jugadores del Barça y la Selección argentina, entre muchos otros, el periodista narrativo construyó un texto hipnótico, que llamó la atención de medios de varios países y le trajo un nuevo encargo sorprendente: Random House Mondadori le propuso transformar esa nota en un libro.

Faccio viajó a Rosario, entrevistó al hermano descarriado y a los abuelos, habló con su mejor amiga de la primaria, recorrió su barrio, y tuvo una estupenda entrevista en La Plata con el verborrágico Juan Sebastián ‘La Bruja’ Verón, su compañero de habitación en el Mundial de Sudáfrica. También persiguió y acosó benignamente a decenas de personas cuyos caminos se cruzaron alguna vez con el del crack, como su sorprendente doble barcelonés, que vive de parecerse a Messi y que pudo contarle al periodista qué se siente cuando se le acercan los niños pensando que es su ídolo.

Preguntas que dejan más preguntas

El material de Messi: el chico que siempre llegaba tarde (y hoy es el primero) son principalmente estas historias, anécdotas y reflexiones sobre el crack. Algunas son ráfagas breves y deslumbrantes, como las frases de Juan Villoro o Martín Caparrós. Otras, incursiones en la periferia del personaje, que dejan preguntas que ayudan a los lectores a hacerse sus propias preguntas.

Una pregunta: ¿Por qué Messi y sobre todos sus padres, que manejan su fortuna, dejan que los abuelos vivan en una casa pobre y desarrapada, dependiendo para su salud y supervivencia de la inestable salud pública argentina? Messi ganó el año pasado más de 40 millones de dólares, entre sueldo y premios futbolísticos y contratos publicitarios. Con lo que gana en diez minutos su abuela podría acudir a una clínica privada. ¿Le importa?

Otra: ¿Por qué Messi se puso un esmoquin y una pajarita o corbatín para ir a la fiesta del Balón de Oro en Zurich, si pensaba que no iba a ganar? Todos daban como ganadores a sus compañeros del Barça Xavi Hernández o Andrés Iniesta, campeones del mundo con España? Al final, ganó él, tal vez lo sabía. ¿Lo sabía?

Y la gran pregunta en Argentina: ¿Por qué el Messi genial del Barça no puede – o no quiere – comparecer en los partidos de la albiceleste?

La sabiduría de este libro, ligero, de frases cortas y transiciones ingeniosas, es que nos deja dando vueltas en estas y muchas otras preguntas. Al final no sabemos si Messi piensa o no. Lo que logra Leo Faccio es que pensemos nosotros.

Así son los buenos textos de periodismo literario: usan detalles, personajes menores, descripciones precisas, diálogos aparentemente intrascendentes, para que veamos por nosotros mismos un mundo que es simple solo en apariencia. Por ejemplo, la pasión de los catalanes por esta extraña estrella tímida dice mucho de la sociedad catalana de hoy.

Por supuesto, también ese Messi que los argentinos amamos y recelamos, que nos despierta ilusiones y dudas, dice también mucho de una sociedad muy distinta, la nuestra, necesitada de caudillos.

Y más allá de lo que argentinos y catalanes proyectan en Messi, este libro nos permite atisbar algo profundo de la cultura de masas, de la forma en que construimos a nuestros ídolos en el siglo XXI, y lo que esto significa en las sociedades postmodernas.

El libro está dividido en tres partes: la primera se llama ‘2009’, y está estructurada alrededor de la corta, frustrante entrevista. Faccio le pregunta por sus vacaciones en Disneylandia y el ídolo se distrae, vuelve la cabeza para ver si viene el jefe de prensa a sacarlo del aburrido mundo de las palabras. Quiere volver a entrenar. Pero en esta parte refulge la vida cotidiana del chico que se pasa las tardes durmiendo la siesta “porque nadie se aburre cuando duerme”.

Al llevarnos a ver la casa de Messi en una colina sobre el Mediterráneo con el carnicero que lo suple de bifes y achuras, el autor nos pone sobre la pista de que estamos en buenas manos, que ha hecho su trabajo a conciencia y que veremos al niño inasible desde ángulos insospechados.

La segunda parte, ‘2010’, se estructura alrededor de una jornada de grabación de spots publicitarios en Barcelona. Messi ya es un ídolo intocable, ninguno de las decenas de profesionales y técnicos de la empresa publicitaria tiene derecho a dirigirle la palabra, sólo el director.

Alrededor de las escenas de la grabación, donde Messi finge un esguince para que todo salga rápido y lo molesten lo menos posible, el periodista hilvana la historia del futbolista, sus años en la Masía, el centro de formación de niños prodigio del Barça, su crecimiento como deportista, sus desventuras con la selección argentina, la mirada certera y paternal de la bruja Verón, el refugio de los viejos amigos de la infancia, que se quedaron en Rosario. El ídolo está cerca de sus orígenes y está a años luz.

En la última parte, ‘2011’, el mundo del fútbol se rinde a los pies del mago del balón. Un imitador se enriquece con sólo parecerse al niño prodigio. Y el periodista perseguidor viaja a la patria chica de Messi para contar cómo viven el mundo que dejó atrás: el hermano perdedor, que se culpa por cada una de las poquísimas que veces en algo no le funciona a la estrella de la familia, los abuelos, que apenas pueden pagar los gastos de una casa pobre, los compañeros de la infancia.

En su primer libro, Leonardo Faccio encontró la manera de interesar, con datos desconocidos y con toques de crítica social, a los fanáticos del balón. Y también de interesar a los que no saben ni quieren saber del fútbol, porque cuenta la historia de un niño prodigio, duro y frágil a la vez, que.

Así, se instala en ese terreno donde el deporte de masas se da la mano con la literatura. El terreno que abonaron Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa, Martín Caparrós, Eduardo Galeano, Juan Villoro y Manuel Vázquez Montalbán.

¿Por qué funciona tan bien este perfil de un joven que piensa con los pies? Porque está investigado con mucho trabajo y mucha pericia: a primera vista no se nota pero pesa. Hay muchas lecturas bien masticadas en el estilo a la vez austero y saltarín que inventa Faccio para contarnos la historia del niño que quería crecer pero no quería hacerse grande.

De entrevistas de horas sale una frase; pero una gran frase. De otras largas conversaciones no sale ninguna cita, pero queda la información, o una atmósfera, o un olor, o el convencimiento de que en la página siguiente nos asaltará una nueva sorpresa.

El texto avanza con la tranquilidad elegante con la que Messi avanza por el campo, con la pelota atada al botín.

La entrevista, “Lo desafiante de la normalidad de Messi son las paradojas que presenta”, con el periodista argentino Leonardo Faccio, autor del libro, se publicará este jueves.

* Roberto Herrscher es licenciado en Sociología en la Universidad de Buenos Aires; Master de Periodismo por la Columbia University, New York: Posgrado en Periodismo de Medio Ambiente en el Instituto Internacional de Periodismo en Berlín. Director y Profesor del Master en Periodismo BCNY; profesor invitado en la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano. Escribe para La Vanguardia, Pefil y Opera News.

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