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Pat Tillman: el jugador NFL que el 11 de septiembre cambió el ovoide por un fusil

por | September 11, 2012 10:30 PM
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A 11 años de los atentados terroristas en Nueva York y Washington que cambiaron la geopolítica del mundo, es difícil quedarse con las ganas de recordar a Pat Tillman, el profundo de los Cardenales de Arizona en la NFL que cuando vio el derrumbe de las torres gemelas por la televisión decidió que su deber era algo más que jugar al futbol americano. Rechazó un contrato de 3.6 millones de dólares para renovar con los Cardenales, se integró a las fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos y murió en combate tres años después en Afganistán.

Podría haber sido el típico jugador de futbol americano de las películas de adolescentes: blanco, fuerte, bien parecido, que caminaba por la vida con aires de grandeza. Sin embargo, Pat Tillman era un idealista, inconforme, ávido lector y crítico informado. Fue un estudiante de excelencia en la Universidad Estatal de Arizona, además de un apasionado de los temas de historia y política, leía tanto el Corán, como la Biblia o el Libro Mormón, a pesar de considerarse a sí mismo ateo. Admiraba al escritor de izquierda Noam Chomsky con quien compartía sus críticas a la administración de George Bush y a la guerra en Irak, y de hecho, Tillman planeaba conocer a Chomsky al regresar de Afganistán.

Unos meses antes de los ataques terroristas, Pat Tillman había demostrado que no era el típico jugador de la NFL que se regía solo por el dinero. El 13 de abril de 2001 los Rams le ofrecieron un contrato de cinco años y 9.6 millones de dólares. La temporada anterior los Cardenales le habían pagado apenas 361,500 dólares en un contrato por una temporada y el ofrecimiento de los Rams era un aumento importante. Sin embargo, Tillman declinó la oferta aduciendo que los Cardenales habían creído en él al reclutarlo en la séptima ronda del draft y que estaba agradecido con el equipo por ello. Tillman firmó su último contrato en la NFL con los Cardenales que solo le ofrecieron un año y 512,000 dólares para jugar la temporada 2001.

En septiembre de ese mismo año, los ataques terroristas lo impactaron tanto que decidió que tenía que ser algo más que un jugador de futbol americano, que aunque era un crítico de George Bush tenía que dejar la política de lado e ir en defensa de su país. Así fue como se decidió enlistarse al grupo de fuerzas especiales de los Rangers en el ejército.

“Veía su vida como algo mucho más grande que solo ser un jugador de futbol americano. El deporte era algo de lo que él era, pero no lo era todo. Pat podía haber jugado en la NFL por muchos años, haberse retirado, jugar golf el resto de su vida, pero siempre supe que eso no es lo que haría”, describe su esposa Marie Tillman.

Fue así como, convencido de integrarse al ejército, rechazó el contrato de 3.6 millones de dólares que le ofrecían los Cardenales para jugar la temporada 2002 en la NFL. Ya era el segundo contrato millonario que Pat Tillman rechazaba por anteponer un valor que él consideraba superior.

Aunque no era un super estrella en la NFL, sí era un jugador de muy buen nivel, golpeador duro en la defensiva secundaria de los Cardenales y su retiro deportivo para enlistarse en el ejército no pasó inadvertido. Tillman no quería la publicidad y rechazó las peticiones de los medios para entrevistarlo. Tampoco pasó inadvertido para los más altos mandos del gobierno estadounidense. El Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, en un memorándum firmado el 25 de junio ordenó que se pusiera atención especial al caso de Tillman con el objetivo de explotarlo propagandísticamente. El propio Rumsfeld envió una nota al propio Pat calificando lo que estaba haciendo como algo “de orgullo y patriotismo”.

Pat Tillman era la mejor herramienta de propaganda que podía encontrar el gobierno estadounidense. La historia del hombre fuerte y noble que deja la millonaria comodidad del deporte profesional para ir a defender a su país. Por eso cuando Pat Tillman falleció en combate en abril de 2004, el gobierno estadounidense de inmediato ideó una historia heroica.

En la versión oficial, la unidad en la que patrullaba Tillman había sido emboscada por los talibanes en un cañón de Afganistán y en la refriega resultó muerto. Por su valentía le fueron entregadas como homenaje póstumo las condecoraciones Estrella de Plata, y Corazón Purpura. El gobierno de Estados Unidos había sucumbido a la propaganda utilizando la figura de Tillman. Y es que la realidad era otra, pues los análisis forenses y los testimonios que se recogieron después dieron cuenta de que Tillman había muerto por “fuego amigo”, es decir, en una confusión en la que estadounidenses mataron a estadounidenses en la oscuridad de la noche afgana.

El gobierno de Estados Unidos conocía la versión real y decidió encubrirla, forzando a los testigos a falsear su declaración, destruyendo evidencia, y maquillando una acción vergonzosa para hacerla parecer heroica.

Al final, Pat Tillman tuvo razón. Había razones para ser crítico con la guerra y con el gobierno. Sabía que iba a ser usado como material de propaganda y no, Pat Tillman no pudo dejar a un lado la política para concentrarse en su deber ciudadano. Al final, la política se devora todo: se devoró a Tillman y se devoró al país.

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