La Ciudad Deportiva

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“Una vez fui traductor de Maradona”, Alberto Lati

por | January 22, 2014 11:14 AM
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Con semblante tranquilo, mirada amigable, reloj en mano y puntualidad inglesa, se presentó Alberto Lati en una mañana fría y radiante para recibir a La Ciudad Deportiva en un café cercano a su oficina, el lugar indicado. “Me gusta este lugar, poder entrar a Televisa  a veces es complicado”. Pidió un expresso y se sentó.

El ‘Ciudadano del Mundo’ no siempre fue un viajero que trazaba rutas y escribía guías para conocer cada rincón que seleccionaba para deleitar su pupila, por el contrario,  asegura que en sus inicios lo último que quería era viajar por el mundo. Vaya ironía.

Tantos viajes, tantas entrevistas y tan poco tiempo. Un personaje que a pesar de los viajes y las entrevistas que ha hecho, siempre tiene los pies en el piso. La sencillez es una de sus principales características.

La Ciudad Deportiva: ¿A qué edad hiciste tu primer viaje? ¿Podrías situar ahí el inicio de tu pasión por el periodismo?

Alberto Lati: En lo personal, mi primer viaje fue a Estados Unidos con 6 años pero nunca surgió de ahí la intención de viajar. Mentiría completamente. El periodismo deportivo nace por una razón que es muy fácil de entender. Si me echas un balón me entenderías. Juego muy mal y me apasiona mucho. Yo quería estar cerca de lo que fuera el balompié o de la actividad, pero no podía hacerlo jugando y me pareció que la manera más cercana posible era a través de esta profesión; muchos de mis colegas viven lo mismo. En cuanto a los viajes, nunca fue mi pasión. De niño sí, pese a ser un alumno, antes de la universidad, bastante mediocre. Si dos materias me gustaban eran geografía e historia. Eran dos materias que en verdad me apasionaban mucho e incluso cuando la maestra nos pedía que dijéramos capitales, yo me las aprendía de países que nadie se sabía, como Malta, la Unión Soviética, de la cual memorizaba la capital de cada República Soviética, que me hacía un bicho muy raro en el salón, sobre todo porque no era un buen alumno, pero era un tema que me apasionaba (la geografía). De ahí a viajar hay un largo trecho, yo nunca pensé que estaría rebotando por países.

Si nunca fue tu pasión ser corresponsal, ¿cómo fue que empezaste a cubrir los eventos deportivos internacionales?

A mí me apasionaba el futbol europeo, de hecho me sigue apasionando. Cuando venía la Eurocopa 2000 fui a pedir la oportunidad y dije: “yo soy el especialista de futbol eurpoeo, yo hago los reportajes y yo soy el que sabe, me toca a mí que me manden”. Fui y la sorpresa fue grande. Les gustó mucho el trabajo. Terminando ese viaje, Javier Alarcón, toma la dirección, y cuando lo hace explica que quiere poner una corresponsalía de deportes en Europa, poner una base. No sabía si París, Madrid, si Londres, y a partir de esa base cubrir los grandes eventos deportivos de Europa, seguir a los jugadores mexicanos en el futbol español o en la Champions, y pensó en mí, pero ese proyecto no se hizo, se pospuso mucho tiempo y yo pensaba que ya no se iba a hacer, y en esas andábamos cuando me propone irme a Japón.

¿Cómo te eligieron para cubrir los eventos deportivos con mayor relevancia en el mundo?

La anécdota es muy curiosa porque yo tenía que dar el discurso a nombre de mi generación debido a que nos titulábamos y justo tres días antes me dio varicela. Una varicela después de los 20 años te pega muy fuerte, una fiebre terrible. Y en ese lapso estábamos cuando Javier Alarcón me marcó por teléfono. Yo ya no podía ir a dar el discurso. Estábamos en diciembre, Javier me llamó y me empezó a explicar que quería que me fuera (a Japón), pero de repente me dice: “quiero que te vayas desde ya”, y yo, de inmediato, le dije que sí. Todavía Javier me dice: “piénsalo, habla con tu familia”, pero yo seguía firme. “Sí, me voy”. Y ya cuando colgué se me vino el mundo encima y dije: “a ver, ¿qué demonios voy a hacer yo en Japón tantos meses?”.

En tu libro mencionas que tú esperabas que Japón se adaptara a ti y no tú a Japón, ¿cómo logras darte cuenta de ese error?

Te digo en serio porque le di muchas vueltas para escribir ese capítulo. No sé en qué punto se dio esa transición de adaptarme a la vida nipona. No sé qué fue lo que pasó, pero tuvo que haber pasado sobre todo una cosa, me di cuenta de que el sueño de mi vida, que es ser periodista deportivo, lo estaba tirando a la basura porque no lo estaba disfrutando, dejando de lado si los resultados eran buenos o malos, porque los reportajes no eran malos. Eran ‘resultones’, ‘saca de apuros’. Los reportajes de los estadios construidos, la infraestructura, lo que se hace en Japón, está bien pero no estaba haciendo un extra y peor todavía, no estaba pasándola bien. Entonces dije: “¿venir a un sueño y pasarla mal?, hay que cambiar de actitud”.

¿A partir de qué reportaje empiezas a disfrutar la corresponsalía?

El reportaje que más disfruté fue el del Santuario de Nikko. Es un santuario religioso como a una hora de Tokio que es espectacular. Ese tuvo que haber sido el primero que me empezó a demostrar el gusto, pero tengo que ser sincero. Todavía en Japón la gente no tiene tan buena memoria, afortunadamente, para lo que hay en Japón. Yo no hice lo que tenía que haber hecho. No penetré la cultura como debía, no me atreví, me quedé muy aferrado al contexto mundialista, al contexto futbol. Hasta que no me pidieron reportaje diario, no lo mandé porque no me sentía listo, decía: “¿de dónde voy a sacar un reportaje cada día?”, y actualmente soy el que presiona para hacer eso, porque sé que lo que le conviene a la corresponsalía es tenerte en la calle, es estar buscando y es estar con la adrenalina.

¿Qué haces para que tus reportajes sean del agrado del público?

Al ver la gente mis reportajes, ellos no los esperaban así ,pues era enviado de Televisa Deportes, pero gracias a lo poco que hice diferente, con las pocas referencias históricas, culturales, religiosas, gastronómicas y vida nocturna, con eso poco, bastaba para que fuera un producto diferente.

¿Cómo empieza Alberto Lati en el periodismo deportivo?

Yo a los 17 ya pensaba que estaba tarde (trabajar como periodista). Nos pasa mucho a los que queremos trabajar en esto y yo hablaba con frustración diciendo: “es que ya tengo 17 años”, y estaba en tercero de preparatoria y en ese momento, un reportero, Paco Posada, traba amistad con mi tío y mi tío le pregunta: “oye, tengo un sobrino que está en preparatoria, que se sabe datos de futbol, ¿le pueden dar oportunidad?”, y Paco, muy amable, dijo que sí, que venga, que lo vea ‘El Che’ Ventura, que en ese momento era el jefe de información. Llegué, me vio y ‘El Che’ me dijo: “mira, estás muy joven, puedes saber datos de futbol pero no significa que sepas de ello. No sabes de televisión, no sabes de periodismo. Vente, si aprendes te contratamos”. Entonces yo salía de la escuela y en las tardes me iba a Televisa. Los fines de semana me los pasaba completos ahí sacando estadísticas de los partidos: tiros de esquina, tiros a gol, fuera de lugar. Yo podía ir cuando quisiera y ya después no sabían cómo sacarme de la televisora. Era mensajero, llevaba papeles, recogía faxes, correspondencia, me mandaban a preparar los cafés con un termo y yo regresaba con tasas para todos. Me llevaban al estudio y ayudaba jalando cables, me mandaban por casetes, trabajé de todo y yo feliz. Yo me sentía muy honrado, que a mí Anselmo Alonso, Gerardo Liceaga, Jorge Pietrasanta, me pidieran “vete a la impresora por mis papeles”, me hacía sentir feliz.

Si bien eres joven y cuentas con una vasta experiencia durante tu carrera, ¿qué sientes que te hace falta?

Tengo 35 años, pero la experiencia nunca es suficiente. Lucho por aprender. No puedes caer en el lugar común de “ya aprendí”, para nada. El que a los 35 años sienta que ya aprendió, que cambie de profesión. Qué flojera.

Tu historial de entrevistas es muy extenso, nombres como el de Michael Schumacher, Zinedine Zidane y Luis Figo se encuentran en esa lista, ¿qué haces en tus entrevistas para que nunca sean iguales?

Es muy curioso. Tú puedes conseguir las grandes entrevistas pero siempre puedes hacer que sea mejor. ¿Cómo innovar?, llevando bien al entrevistado. Una entrevista es un proceso psicológico o no lo es. Puedes convertirlo en algo muy complejo y muy padre o simplemente sacar preguntas. Desarrollar el músculo para escuchar y al mismo tiempo pensar. Reviso mis entrevistas y digo: “¿por qué en ese punto no lo interrumpí o por qué no fui más incisivo, por qué no lo dije más fuerte, por qué le cambié el tema, por qué fui redundante, por qué pregunté tan largo?, todo se puede hacerse mejor, pero lo mismo aplica a reportajes y a redacción. El colocar los datos, ver qué respuesta metes de la entrevista que hiciste, tu aparición a cuadro, todo puede ser mejor. Entonces creo que la meta puede estar ahí.

¿Qué entrevista te ha marcado como periodista?

Tiene que ser el Dalai Lama, Lech Walesa, Madonna, pero lo mismo puedo decir de Oscar Pistorius y  Michael Schumacher. Te involucras con ellos. El caso de Pistorius, cuando terminé la entrevista, verdaderamente salí a decirle a mi esposa: “yo nunca había entrevistado a un personaje del deporte que me inspirara tanto”. Y cuando me reencontré en Londres con él  un par de años después, salimos y platicamos en afrikaans, yo seguía con la misma sensación, pero luego ‘se le fueron las cabras’. ¿Quién hubiera podido sospechar que había en él eso?, si es que termina por comprobarse. Que hay una historia siniestra con las armas, sí la hay. El caso de Schumacher me dolió mucho porque la primera vez que lo entrevisté, salí diciendo: “fue germánicamente profesional”, fue frío, a lo que iba. Fue una bronca conseguir la entrevista pues no daba entrevistas. Me la dieron por una insistencia muy fuerte a Sabine Kehm, su jefa de prensa y relaciones públicas. Y salí todavía diciendo: “a ver, es arrogante, ha ganado todo, cómo no va a serlo”, y muy alemán, muy a lo suyo, no iba a hacer amigos. Aún recuerdo que terminando la primera entrevista estábamos frente a su tráiler en los pits de Ferrari, en el circuito de Montmeló y le dije: “oye, Michael, como la entrevista es para el Mundial, ¿te molestaría dominar un poco la pelota?”, y me dijo con mucho respeto: “no porque ya me tengo que ir”. Y bueno, ni hablar, iba feliz porque tenía mi entrevista con Schumacher y me reencontré año y medio después con él y fue otra cosa, porque llegó y me saludó diciendo: “¿cómo estás?, tú eres de México”, y le dije “¿cómo te acuerdas?”, a lo que él respondió: “es que yo no doy entrevistas”. Antes de realizarla  conversamos unos 5 minutos, y además, la primera la había hecho en inglés, ésta la hice en alemán y me dijo: “¿la vez pasada hablamos en alemán?”, yo dije que no, y dijo: “¡oye, qué bien!”. Terminó y seguimos conversando, incluso cuando Sabine (la jefa en prensa de Schumacher) me había dicho que tenía que irse rápido. Esta entrevista fue en Jeréz y tengo un amigo andaluz que se me pegó para ir y le firmó y le platicó y se tomó foto, espléndido. Y todavía terminando me dijo: “bueno, nos vemos la próxima entrevista”. Desafortunadamente no lo he vuelto a ver, pero si hubo un vínculo diferente la segunda vez.

¿Mantienes relación cercana con alguno de tus entrevistados?  

Con Franz Beckenbauer tengo una relación más estrecha. Es una relación espléndida. Me pregunta si he regresado a Alemania, si extraño Múnich, que qué hago en México. Es un tipo al que le gusta escucharte a diferencia del común de las estrellas. Te pregunta y te sonríe. A Zidane lo he visto una vez desde que trabajó con nosotros y lo saludo increíble. Con Figo me he mandado un correo electrónico que otro. Con Roberto Carlos pasó algo muy curioso. Yo tenía sin verlo desde que lo entrevistaba cuando él jugaba en el Real Madrid y lo volví a ver ahora en la Confederaciones porque trabajó con nosotros, y bueno, me recibió con abrazos. Hasta mis compañeros me dijeron: “no que no era tu amigo”, y yo respondí: “pues es que no es mi amigo, pero se acordó de mí”. Habrá a quien le caigas mal, nadie es monedita de oro, no lo sé. Aunque con estos personajes es distinto. Pelé por ejemplo, cada que lo veo, me trata de maravilla; de Maradona fui su traductor y ahora cada que me ve me planta un beso, el problema es que nunca se rasura y siempre se echa mucha loción.

¿Crees que la insistencia es necesaria en la vida de un reportero para concertar una entrevista?

La insistencia y la conciencia para conseguir una entrevista. Tampoco vamos a insistir en donde no tiene sentido. Yo creo que hay que seleccionar qué batallas te vas a aventar. Perseguí a Madonna durante cuatro años. Logré la entrevista mediante la insistencia, explicando la relevancia, resaltando que era para mi audiencia. Es importante resaltar el nombre de tu audiencia porque ellos son los que la quieren escuchar, no es para mi gloria periodística. Mi audiencia es quien la quiere escuchar. Muchas veces me quedé esperando entrevistas que me parecían obvias que iba a conseguir y al final no fue así. Desmond Tutu, premio de la paz sudafricano, en un proyecto de 2008 que ya lo tenía apalabrado, me cambió la fecha teniendo yo una entrevista ya programada justamente con Lech Walesa, por lo que yo no pude en su nueva fecha y me dijeron: “a ver cuándo”, y no me estresé, dije: “voy a vivir en Sudáfrica”. Lamentablemente ya viviendo ahí no se pudo realizar. Así han sido varias que no se han concretado. Por ejemplo, ya tenía fecha para charlar con Brian May de Queen y su equipo me canceló tres días antes del día pactado.

¿Qué diferencias encuentras entre hacer tus corresponsalías solo y ahora acompañado de tu familia?

Es muy diferente, si es recomendable o no, no lo sé. Es recomendable en el sentido de que vas más tranquilo. Cuando vas con tu pareja estás más sereno, más concentrado en el trabajo. No es recomendable en el sentido de que lo idóneo para una cobertura es no tener a nadie esperándote, no tener ni una comida, ni una cena, ni un evento social, ni una persona, ni nada como alternativa al trabajo, es trabajo. Vas a trabajar. Y así viví en Alemania, en Grecia, en China, pero yo creo que no puedes ir contra la inercia de tu propia vida. Así como no he querido ir y muchas veces he intentado contra la inercia del personaje que con mucha suerte y mucho privilegio se creó un reportero que viaja, tampoco puedes ir contra la inercia de tu propia vida, y hoy por hoy tengo una esposa y tengo una bebita.

¿Tu familia se adapta a tu ritmo de vida o tú a la de ellos?

Creo que me adapto a la vida de mi familia y ellos a la mía. He vivido con mi esposa en dos países y próximamente viviremos con todo e hija en Brasil a donde pronto nos iremos. Estoy esperando fecha para incorporarme al trabajo que está haciendo allá Luis Alberto Martínez.

¿Cómo es Alberto Lati en la oficina y en casa, llegas a cambiar?

No cambio mucho entre mi trabajo y la familia. Me encanta ver futbol. Tengo la ventaja de que en mi trabajo ver futbol es parte de la rutina, pero es diferente en cuanto a estar en casa y estar en la oficina, mi personalidad es la misma aunque en casa ahora ya no veo, como hace 10 años, 8 partidos de Inglaterra y 8 partidos de Italia cada fin de semana. Ya no lo hago, antes sí lo hacía y es un poco por mi familia y un poco por mí. Ahora hay nuevos compromisos y otras prioridades. Aunque tengo compañeros que aún lo hacen.

¿Consideras a tu audiencia la parte más importante de tu trabajo?

Definitivamente. Con Schumacher la jugué igual que con Madonna. A Sabine le dije: “¿tú sabes lo que es que la audiencia hispanoamericana admire a Michael y no conozca su voz?”, es la verdad. Incluso le expliqué que ya tenía, no era mentira, a Boris Becker, a Scorpions y a infinidad de grandes personajes alemanes del futbol, también a Katarina Witt y es una pena que Michael, que es un icono alemán, no lo tenga.

No ha de ser fácil asumir la responsabilidad de describir cada lugar que visitas cuando llegas en ocasiones a un público que no tiene los recursos para poder viajar…

La mayoría de la gente no tiene el privilegio de viajar. De hecho si tú checas cuántas de las personas en la Ciudad de México no han visto ni verán la playa, hablando de que es sólo tomar un camión e irte a la Costa de Veracruz, Costa de Guerrero, etc. Uno tiene un privilegio muy grande. La primera vez que Javier Alarcón dijo: “al aire, eres nuestros ojos en Atenas”, que bien suena a cliché pero Javier es muy inteligente, él me lo dijo como diciéndome: “al aire y que te caiga el veinte”. Salí del aire afectado diciendo: “caray, sí soy los ojos de la gente, lo que yo grabe, lo que yo diga, lo que yo exagere, lo que yo malinterprete, lo que yo manipule, lo que yo no sepa explicar a cabalidad, va a ser lo que la gente va a pensar que es este lugar”, y sí, es una gran responsabilidad. Y me he equivocado, obvio. Todos nos hemos equivocado. Los grandes lo han hecho, vamos a ver. Marco Polo se equivocó, los verdaderos pioneros del viaje. Marco Polo le dijo a Japón ‘Cipango’ porque le sonó así el idioma Nihongo. Todos se equivocaron, si lo hicieron los grandes maestros, que uno humildemente no lo haga… claro que lo haces, pero tienes que ser muy esforzado y hacerlo a conciencia.

¿Cómo te das cuenta de tus errores en los reportajes? ¿Los notas al momento o tiempo después?

Dependiendo el tipo de error. De apreciación de una cultura a veces te cae el veinte meses después, donde ves que simplificaste mucho. De contenido de una nota, a veces te das cuenta cuando ya la grabaste y no se ha editado, y a veces te das cuenta cuando ya pasó al aire. Un ejemplo: alguna vez dije que el Big Ben era parte de la Abadía de Westminster y la realidad es que la Abadía y el Parlamento están pegados, pero técnicamente el Big Ben está en el Parlamento y no le di mucha importancia; después dije: “no sí, está mal”, pero ya estaba la nota al aire. No era muy relevante porque verdaderamente entre la Abadía y el Parlamento creo que no hay ni dos metros, sin embargo el Big Ben está en el Parlamento. Uno no es perfecto.

¿Cómo se describe Alberto Lati a sí mismo?

Me describiría como una persona muy apasionada por lo que hago, muy meticuloso, muy quisquilloso, perfeccionista para la mayoría de las cosas, pero de repente inconsistente para otras cosas porque a veces las dejo muy al “ahí se va”. No siempre.

Tu trabajo resulta muy absorbente por los constantes cambios de ciudad pero, ¿cómo es cuándo tienes vacaciones? ¿De qué hablas con tu familia?

Es muy curiosa una cosa. De repente se me ha hecho muy parecido viajar con cámara y micrófono que sin ellos. Mi esposa es parecida a mí. Ya cuando viajamos, pareciera que tenemos que hacer un reportaje. Me acuerdo que terminando los Olímpicos, antes de los Paralímpicos, nos bajamos a Split en Croacia tres o cuatro días y parecía verdaderamente que teníamos que hacer reportajes porque andábamos de arriba abajo, y terminando, decíamos: “menos mal que venimos a descansar”. Veníamos, ella de su maestría y yo de trabajar. Ahora me apasiona mucho viajar, probar sabores y hablar con gente, visitar lugares históricos, devorar museos, leer antes sobre el lugar al que voy, durante y después, porque es muy diferente. En Myanmar, por ejemplo, yo había leído antes y no se me había ocurrido, ni sabía que existía, la novela de George Orwell “Días de Birmania”. Ya estando ahí, la compré y me dio mucho sentido leer la novela mientras estaba ahí.

¿A quién admiras dentro del periodismo?

Kapuscinski es al que más admiro. De hecho hay una frase de él que tomo prestada como epígrafe, es insuperable, pero hoy en día hay hombres que han hecho unas crónicas bellísimas. Hoy por hoy Enric González de “El País” hace cosas soberbias, y  sus libros “Historias del Calcio”, “Historias de Nueva York”, “Historias de Roma”, “Historias de Londres”, son espléndidos. John Carlin tiene una capacidad y una erudición para referirse a los temas “soberbia”. Hay grandes crónicas en Inglaterra de Daniel Taylor para deportes en “The Guardian”. Martín Caparros, un gran escritor y gran intelectual que cuando escribe de futbol es soberbio, lo mismo Juan Villoro, igual Pedro Ángel Palou, que es un gran intelectual, otro erudito e historiador que cuando escribe de futbol es espléndido.

¿Te ves toda tu vida en Televisa Deportes?

No sé si Televisa me aguante toda la vida ahí metido. No me conozco como adulto fuera de Televisa y eso es peligroso. Casi toda mi etapa, desde que me rasuro, vengo a aquí, pero no lo sé, el mundo da muchas vueltas. Aunque indiscutiblemente es mi casa.

¿En algún momento te has llegado a sentir estancado?

Todos nos sentimos estancados en algún momento, todos. Así me sentí muchas veces. El que no se siente estancado en algún momento, tiene un problema. Estancarse es para buscar nuevas oportunidades, desafiarte, crecer, demandarte algo más.

¿Cuántos idiomas dominas?

Me defiendo en 11 idiomas, no los hablo perfectamente pero puedo entenderlos. De hecho es un poco lo que pongo en el libro, mi aproximación a los idiomas. Explico el mandarín, la peculiaridad que tiene; el alemán cómo es; el japonés con sus tres alfabetos; el chino con sus modos tonales; el zulú con sus variantes y sus sonidos, es parte de lo que intento mostrar en el libro. El mandarín y el zulú fueron los que más se me complicaron, por eso, ahora que estoy con el portugués, es como caminar sobre algodones.

Hablando un poco del Mundial próximo y no sólo refiriéndonos al futbol, ¿qué esperas de Brasil 2014 después de todas las protestas del pueblo carioca?

De Brasil espero poder entender un país tan complejo, el cual se ha vendido como caipirinha y samba, y sí lo es, pero es mil cosas más. Un país muy apasionado. Yo creo que tanto futbol como política irán de la mano. Ojalá que cuando ruede la pelota nos olvidemos de lo demás para que ruede alegremente, pero tiende a ser un Mundial con mucha carga en cuanto a disturbios y protestas.

¿Qué opinión te merece la polémica sobre la FIFA y el Mundial a llevarse a cabo en Qatar? ¿Te ves cubriendo esa Copa del Mundo?

El Mundial en Qatar es un problema. Primero que nada por el clima, pero en nuestro afán por hablar del clima no hemos hablado lo suficiente de un tema más peligroso, que es el de las condiciones laborales del pueblo qatarí. Más allá del Mundial, esa es su estructura laboral, su esquema de permisos laborales y de visas de salida. No te firman la visa y ahí te quedas detenido, como lo pasó recientemente a un futbolista. No sabría decir si me veo en Qatar, pensar que faltan 8 años simplemente no sé qué decir, aunque me encantaría, pero por ahora, sólo me veo en Brasil, siempre ha sido así.

Acabas de publicar tu libro  titulado “Latitudes” ¿cuál crees que sea la reacción del público al leerlo?

Lo que yo espero es que a la gente le guste. Es un reto diferente. Cuando haces televisión, te metes a casa de cientos de personas sin permiso, con un libro no. Con una publicación ya es más de nicho, alguien que te está eligiendo con tanta y tan buena literatura dedicar su rato libre a leerte. Es un gran halago y una gran responsabilidad. Es un libro muy variado en cuanto a temas. Para futboleros de sepa, descripciones de cómo es el convivio con los grandes personajes del balón; para los que buscan cuestiones más complejas, políticas, bélicas, culturales, económicas, religiosas, históricas. Es algo que responde a través del futbol la problemática de independencia argelina y a la revolución en Siria; y a lo que pasa en Corea del Norte con la tiraní; y a lo que pasa en Argentina con la diferencia entre la gente fuera de las Villas Miseria y cerca de la Cordillera de los Andes; a lo que pasa en Myanmar. Y para los que no les gusta el futbol, pero le gustan los viajes, es un libro que tiene buena parte de bitácora de viaje. Mi meta principal es que la gente viaje a través de mis descripciones, que la gente pueda probar los alimentos, percibir los olores, sentir las texturas, ver los colores, alejarme del estereotipo o del lugar común que se suele relacionar a cada país. Como Alemania, que solemos pensar que es homogéneo, aburrido y rígido. Incluso yo explico que no lo es, que es un país muy pinto. Además son más Alemanias, uno pensaría. bueno, antes sólo eran dos y punto, pero para nada. Un territorio, recientemente unificado, que es mucho más joven que México, y que fueron demasiados estados extraviados por Europa, y que solamente tenían en común el idioma, lograron unirse a través del futbol. Eso espero de este trabajo, espero que a la gente le guste.

¿Habrá secuela de “Latitudes” o simplemente te gustaría escribir otro libro?

Me encantaría hacer otro libro terminando el Mundial de Brasil, será un buen momento para pensarlo. Ahora ya con el Mundial a esta distancia no hay tiempo ni inspiración para hacerlo. Más que la segunda parte de “Latitudes”, sería otro libro con mucho material que todavía está por ahí. En este no describí la experiencia que fue entrevistar a los grandes personajes. Sí a los de futbol, pero no a los que están fuera de él. Después de esto, a ver cuándo me animo y tengo la valentía para hacer una novela.

¿Quién te ayudó en el proceso creativo y literario para escribir “Latitudes”?

Yo lo hice (el libro) tal como se trabaja, la editorial me puso un editor, Alberto Román, que con toda su experiencia y sabiduría me dio muy buenos tips, seguí sus consejos, se lo volví a pasar, me dio nuevos consejos, deseché algunos, tomé otros y así quedó el producto final.

Por último, siendo aficionado al futbol debes tener un equipo favorito, o varios…

Guadalajara y Real Madrid, mis equipos favoritos, más que por elección fue por imposición de Hugo Sánchez porque cuando era niño, era obvio irle al Madrid, me encanta el Madrid, sufro con ellos, me emociono con ellos.

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